Todo sucedió un viernes y fue todo un golpe del FBI a la estafa en el
poker. Las salas de poker más importantes del mundo había ideado toso un sistema, con la complicidad de los bancos, para saltarse la prohibición.
La clave de todo ello era Daniel Tzvetkoff, un astuto empresario que había montado el ingenioso sistema. El problema es que la avaricia rompió el saco y Tzvetkoff quiso ganar más y se chivaron.
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